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Novedades políticas: el movimiento feminista y trabajadores (y organizaciones sociales) en la calle.

Por Armando Poblet*
En las últimas horas se produjeron las novedades políticas que sólo son capaces de realizar dirigentes de talla gigantesca. Luego están los comentadores. Sin duda esta decisión tiene que ver con la necesidad de derrotar al macrismo, así como también las dificultades de un futuro gobierno, luego del desastre programado y ejecutado por Macri-Vidal-Reino.
Pero esta “novedad” proviene de la lucidez de personas, que se han formado (y lograron matizar) estructuras tradicionales con novedades de la dinámica social que muchas veces ponen en tensión estructuras políticas que no logran dar las respuestas esperadas. Aquí hay un riesgo: “garantizan cambios para que nada cambie”


Pero en los últimos años hay dos novedades reales. Uno de ellos el movimiento feminista. Con un conjunto de particularidades que lo transforman  en un nuevo actor social, un nuevo actor político. No sólo se expresaron en las calles, también se puso en el centro de la escena el sustento ideológico que profundiza las consignas simplificadas. Lxs jóvenes además del simbólico pañuelo verde en las mochilas, muñecas o en el cuello, también expresan las ideas de intelectuales como Rita Segato. Discutir ideas y profundizarlas es un valor agregado muy significativo y revolucionario, capaz de traccionar el reclamo de la movilización en la calle en la esfera de la política, que por lo general que trata de normalizar y disciplinar.
Los trabajadores (dentro de este universo se encuentran los trabajadores formales, los sindicalizados, los trabajadores informarles, los comerciantes, la pequeña y mediana industria, los desocupados, los jubilados) y sus estructuras sindicales han tenido situaciones contradictorias y de tensión en diversos momentos históricos. Pero también es verdad que cuando los trabajadores ganaron la calle la burocracia sindical voló por los aires. Desde el inicio de la gestión macrista, los trabajadores nos organizamos desde abajo. Y ahí se vio la postura de cada estructura sindical: algunos se sentaron a negociar con el gobierno, en contra de los intereses de sus representados; otros junto a sus representados, a la cabeza del reclamo (“con los dirigentes a la cabeza o….”). La primera luz de alerta fue el cantito “ pone la fecha la p…q…t…p…). Bajo la consigna “la unidad en la acción” se le pudo dar organización a una reconfiguración del modelo sindical, algo que se venía produciendo desde hace tiempo  e igual que el fuego calienta más cuando viene desde abajo.
El movimiento feminista y los trabajadores organizados en la calle se transformaron en un nuevo actor político. Un actor muy complejo de descifrar desde una mirada tradicional. Por esa razón no hay candidato en estos tiempos  que no diga públicamente que es imprescindible los representantes de lxs feministas y lxs trabajadores en sus listas pero ¿cómo? La duda es lógica. Los “armadores” de la política no saben cómo hacer con estos “nuevos actores” que en líneas generales cuestionan su exceso de prudencias, en algunos casos comodidad, y en otros el  individualismo (económico, especialmente). En definitiva una nueva variante de la democracia representativa versus la democracia participativa.
Seguramente, vamos a encontrar representantes de estos dos sectores en las listas para las próximas elecciones. Pero la duda que se presenta es ¿seremos  capaces de poder plasmar la dinámica construida en estos años en los espacios de poder que ofrece un sistema, que como tal tiende a autoreproducirse, y por lo tanto es conservador? ¿Podrán superar la comodidad que ofrece El Palacio (y las dietas) para dar un salto de calidad en la política local?
No son preguntas que se puedan responder a priori. Podremos tener indicios a partir de las propuestas y los mecanismos de acción que, tal vez, aparezcan en los tiempos que vienen.
*Secretario adjunto de Suteba

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