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Cuando los buitres tienen hambre

Parece la eterna historia del peronismo, o al menos de quienes dicen pertenecer al mismo: luego de cada elección, máxime ante una derrota electoral como la sufrida el domingo pasado en Balcarce como en otros tantos distritos de la provincia, comienzan los pases de factura, los reproches y nadie parece querer ser responsable de haber desperdiciado la oportunidad de alinear al municipio con la gestión provincial y nacional, luego de la victoria del Frente de Todos en el país.

En nuestra ciudad, particularmente, ocurrió que la oposición formó sus listas definitivas a través de una interna que se dirimió en las PASO. Sumado a esto, Consenso Federal contribuyó a no lograr un verdadero frente capaz de derrotar al macrismo. La más clara evidencia de esto fue la reciente disolución a nivel local del partido que postulaba a Roberto Lavagna a la presidencia: el candidato que se autoproclamó “el más peronista” lo anunció al tiempo que confirmaba su regreso al Partido Justicialista. Este no es un dato menor, en absoluto. Algún desprevenido podrá pensar que este es un acto de resignación aceptando la pésima actuación en los comicios del pasado domingo. Pero los más experimentados, quienes están en “la rosca” política, asumen esto como una estrategia planeada de antemano. Por un lado, garantizando restar votos a todo lo que no sea macrismo, o a quienes pudiesen destronarlo. Y por otro, se presume que dentro de esa estrategia ya estaba en mente el objetivo de pelear por la presidencia del peronismo local, elecciones que se realizarán en menos de dos años.

Lo cierto es que más allá del slogan y las fotos la aclamada unidad nunca se logró, ni siquiera con los propios. Pareciera una eternidad, pero hace pocos meses desde distintos medios, en medio de la campaña previa a las elecciones de agosto, desempolvaron a dirigentes que en algún momento se identificaron con el peronismo para lanzar cuanta declaración fuera posible en pos de derrumbar la imagen de los candidatos que encabezaban la lista que compitió directamente contra Reino y el macrismo en su conjunto. Dirigentes que, dentro de esa eternidad que parece borrar la memoria de muchos, en alguna ocasión se presentaron a disputar la presidencia de la UCR local. Sí, no es un chiste, ocurrió de verdad. Y vaya paradigma, ese lanzador de “fuego amigo” quedó sepultado ante la aplastente victoria al frente del partido de Yirigoyen por parte del actual intendente Esteban Reino, hoy reelegido.
Las elecciones primarias dejaron al descubierto que, por encima de las reglas tácitas de la política, existen personajes con una cintura envidiable. No sólo para evadir responsabilidades, sino para saltar el alambrado declarándose víctimas de malas decisiones partidarias, cuando más de uno sostuvo (y sostiene) el mango del puñal que hirió de muerte cualquier posibilidad de volver a instalar al justicialismo en el Ejecutivo de Balcarce. Según las veinte verdades peronistas, el orden de prioridades de la militancia es “Primero la Patria, después el Movimiento y por último los Hombres“. En esta ocasión sin duda esa precedencia quedó invertida, al menos en la práctica, ya que parecieron primar los personalismos: primero los hombres. Y las mujeres.
Conscientes o no, la realidad es que tal como se venía desarrollando el proceso de campaña se consiguió el único resultado esperable: una derrota del peronismo. Pero tampoco hay que quitar méritos al intendente reelegido y su equipo, quienes supieron leer previamente la estrategia de la oposición y procedieron en consecuencia. Los más osados hasta se animan a deslizar que desde el oficialismo se contribuyó a construir ese esquema de división que finalmente les garantizó el triunfo.
Ahora, por más valentía renovada que se demuestre desde algunos sectores minoritarios del peronismo, lo cierto es que lo único que se respira es incertidumbre. Y ante ella, los oportunistas no pierden ocasión de buscar, apuntar o crear a cualquier cadáver político. Como cuando los buitres tienen hambre.

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