80 años de peronismo: el mito del Balcarce “gorila”

Por Manuel Clemente
Profesor de historia
Se suele escuchar en algunas conversaciones de la militancia peronista local un apotegma que se repite como una frase monolítica y de un peso incontrastable: Balcarce es gorila. La conclusión llega como explicación para una serie de fracasos electorales desde el 2013 a la fecha y de una sensación de distanciamiento con respecto del ciudadano a ser representado, que elige no acompañar los proyectos políticos del justicialismo autóctono. Para cualquiera que frecuente los ambientes de la militancia peronista es patente esta forma de pensar con respecto de la ciudad y sus pobladores, y aunque no es un diagnóstico privativo de las generaciones más jóvenes, si está mucho más instalado en las mismas.
El último gobierno peronista en la ciudad concluyó su mandato en 2015. Del periodo que va desde 1987 hasta esa fecha, es decir, 28 años, gobernó ininterrumpidamente el justicialismo con distintas vertientes internas y caras visibles, segundo distrito en cantidad de años en ese periodo para la Quinta Sección electoral, detrás del Partido de General Paz, cuya cabecera es Ranchos. Este primer dato invalida de alguna manera el razonamiento de que la ciudad y el partido son, por esencia, gorilas o antiperonistas. Si existe algo así como el ser de un pueblo o localidad, algo que lo defina a partir de rasgos identitarios espirituales, una esencia inherente y poco modificable, no parece que nuestra ciudad se corresponda con ese sentimiento antiperonista. Para probarlo basta con ver las localidades vecinas: Mar del Plata, gran epicentro del turismo social del primer peronismo, nunca tuvo un jefe comunal de dicho movimiento.
Tandil, que en 1987 puso un vicegobernador de la Provincia, Luis María Macaya, sólo fue gobernada en una ocasión por una gestión peronista de la vuelta de la democracia hasta la fecha, la de Gino Pizzorno. En Ayacucho sí predominó el justicialismo, con 24 años contra 12 de radicalismo/Juntos Por el Cambio. Mar Chiquita evidencia una paridad muy cerrada, con 24 años de radicalismo contra 24 del peronismo a cumplirse al finalizar 2027. Lobería por su parte, muestra un gran ascendiente radical/cambiemita, 32 años a cumplirse en 2027, contra 12 justicialistas, contando desde la última vuelta a la democracia. Cierto es que la estructura social de ciudades del interior bonaerense como Balcarce no se corresponde con la “clásica” imagen de los obreros industriales, que a mitad de siglo XX dieron el espaldarazo a Perón en sus tres presidencias.
Pero también es cierto que el peronismo es un movimiento nacional, que supo contener en sí las ansiedades y esperanzas de un pueblo diverso, de distinta extracción social y ubicación geográfica. En Balcarce, por mérito propio, el peronismo logró consolidarse y gobernar. Muchos de sus hitos están allí: viviendas, calles, infraestructura, edificios públicos, plazoletas, escuelas, McCain, etc.
Los sucesivos traspiés electorales y la fragmentación por “tribus”, dos fenómenos interrelacionados, se combinan para hacer un daño aún mayor: destrozar la moral militante. Es esa moral derruida la que habla cuando dice (o piensa) que “Balcarce es gorila”. Pero no sólo la baja moral lleva a este tipo de conclusiones. La distancia entre militancia y población genera un proceso sectario donde los vecinos son vistos como objeto de la proyección de nuestros prejuicios más que como un sujeto susceptible de ser representado.
Ganar es un proceso cuantitativo y gobernar es uno cualitativo. Se escucha mucho también decir que la de José Luis Pérez fue una gestión de peronismo “de derecha”. Sería saludable para la militancia y la dirigencia dejar de lado de una vez por todas estas categorías, que nos confunden a la hora de analizar la realidad. Las gestiones, sobre todo en el peronismo, son malas o buenas, y el termómetro es la aprobación del pueblo.
Durante 28 años ininterrumpidos una gestión de signo peronista gobernó nuestro partido. En ese lapso de tiempo se sucedieron 5 gestiones nacionales distintas (Menem,De La Rúa, Duhalde, Kirchner, Fernández) la crisis del 2001, el conflicto del lock-out patronal del 2008 (conflicto del “campo”) una interna local en el año 2003 y la renuncia de un intendente en 2009. Y pese a todo se mantuvo la senda de la victoria en las generales. En 2011, luego del parteaguas del 2008, que legó a la posteridad el irreconciliable binomio kirchnerismo/antikirchnerismo, la fórmula Cristina Fernández de Kirchner – Amado Boudou ganó con el 45.20% de los votos en nuestro distrito (aunque hay que decirlo, con una oposición fragmentada). ¿Se puede derivar de esto que nuestra localidad es peronista? Tampoco podríamos alegar algo así. Cualquier esencialismo es un obstáculo para analizar lo más objetivamente posible la realidad.
Pero hay algo que está muy claro: cuando el peronismo se ordenó, gobernó, cuando gobernó bien siguió en el poder. En vez de pelearnos con la realidad deberíamos aceptar el lugar en el que vivimos, y proyectar un peronismo para Balcarce, y no a la inversa. Nuestra doctrina (diferencial político y espiritual del peronismo con respecto de otras ideologías y partidos) debe trabajar para el vecino llano, que no es ni gorila ni peronista, y no debe querer imponer nuestra forma de pensar el mundo por sobre la realidad material. El costo de insistir en esto es la profundización de la distancia entre nosotros y la gente, de ser sectarios, de convertirnos en círculo.
Nuevos tiempos se abren para la política en general y para nuestra localidad en particular. Algunos son procesos de corto plazo y otros hunden sus consecuencias muy profundamente en las conciencias y en el tiempo. El desgaste del radicalismo en el poder, el fracaso económico libertario, la renovación del padrón electoral, un nuevo proceso de estigmatización de la política como actividad, la falta de empleo estable y digno, la profusión de las redes digitales y la lógica del algoritmo, la financiarización de la vida y el consumo neoliberal, nuevas inquietudes y ansiedades de la juventud y las mismas inquietudes y ansiedades aún no resueltas para nuestros padres y abuelos. El escenario de “tres tercios” de la última elección de concejales abre un escenario auspicioso para el peronismo local, que depende sólo de sí mismo para volver a conducir los destinos de la comuna.
