Tras la derrota electoral, el oficialismo apuró el Presupuesto antes de perder la mayoría del HCD

La sesión del Concejo Deliberante en la que se aprobó el Presupuesto 2026 dejó al descubierto las tensiones de un oficialismo que pierde su hegemonía tras una contundente derrota en las urnas. La oposición cuestionó la falta de reflexión sobre el resultado electoral y recordó una década de decisiones impuestas sin participación.
Este escenario impregnó cada momento del debate sobre el Presupuesto municipal para el ejercicio 2026, que supera los 60.000 millones de pesos, y las ordenanzas Fiscal e Impositiva. La sesión se transformó en una suerte de balance forzado de una gestión de 10 años, con un oficialismo a la defensiva y bloques opositores fortalecidos que no perdonaron detalles.
La urgencia oficialista: un cambio de ritmo
Martín Pérez (Frente de Todos) fue quien mejor encapsuló la ironía del momento: “Durante 10 años se ha pedido prórroga para la presentación del presupuesto. Como bien se dijo hoy, este es el primer año que se presenta en tiempo y forma […] siempre se ha tratado en sesiones extraordinarias”.
El contraste no pasó desapercibido. El mismo oficialismo que durante una década tomó su tiempo para presentar y tratar las herramientas de gestión, ahora apuraba su aprobación en apenas 15 días. La razón era evidente para todos: es la última oportunidad de sancionar un presupuesto con mayoría propia, sin necesidad de consensos.
Pérez no dudó en señalar esta contradicción con el discurso de unidad que pregonaba el oficialismo: “Cuando se pregona la participación, cuando se pregona la unidad, cuando se pregona el pensamiento y la discusión para que haya una unidad de criterios, tienen que ser coherentes con cómo se actúa. Y no se ha actuado de esa misma forma”.
Desde los bloques opositores coincidieron en la pobre elaboración del actual presupuesto, asegurando que lo único que se hizo fue “copiar y pegar” el presupuesto anterior, “acomodando las cifras”.
¿Dónde está la autocrítica?
Uno de los ejes más contundentes de los bloques opositores fue señalar la absoluta desconexión entre el resultado electoral de septiembre y el contenido del presupuesto presentado. Pérez lo expresó con crudeza: “El oficialismo perdió una elección. El oficialismo perdió 6.000 votos en dos años. Y eso no se ve reflejado en el presupuesto. Y de eso tendrían que hacer una autocrítica y un análisis profundo de cómo se logran perder 6.000 votos en el término de dos años“.
La intervención de Pérez tocó un punto neuralgico: “Cuando se justifica el Presupuesto, se habla de seguir haciendo y de seguir mejorando y de seguir acompañando. Evidentemente la gente no cree que los estaban acompañando ni que los estaban ayudando ni que les estaban solucionando muchos problemas. Al menos mucha gente”.
Además conectó la derrota electoral con estilos de la gestión: “Digo por suerte [que pierden la mayoría], ¿saben por qué? Porque cuando tuvieron la mayoría no la supieron aprovechar, no supieron darle la participación y tenerle la consideración a la minoría que deberían haber tenido”.
Entre el reconocimiento forzado y la irritación
Frente a estos embates, el oficialismo mostró reacciones diversas. Por un lado, Leandro Spinelli, después de expresar que “obviamente estamos dolidos [por la derrota electoral] como seguramente les dolió a ustedes perder las elecciones“, realizó un reconocimiento casi obligado: “Asumimos el golpe, hicimos la autocrítica y sabemos que la sociedad nos dio un mensaje. Nos equivocamos seguramente, pero trabajamos siempre por Balcarce”.
Sin embargo, este reconocimiento contrastó con las declaraciones de Gonzalo Scioli durante el debate, donde mostró visible irritación hacia las críticas de la oposición, descalificándolas como “chicanas políticas”. Su frase “criticar es fácil, lo difícil es proponer” resonó como un eco de un estilo de gestión que la oposición identifica con la soberbia del que siempre tuvo los votos asegurados.
Spinelli intentó un tono más conciliador pero manteniendo la defensa de la gestión: “Nunca quisimos imponer nada, muchas veces los tiempos que se nos impone desde el Ejecutivo no son siempre los que quisiéramos”. Una justificación que la oposición no aceptó, señalando que durante 10 años el oficialismo tuvo total control sobre ambos departamentos. La respuesta llegó del concejal Ángel Enrique Guillén, de La Libertad Avanza, quien pidió que “no nos vengan a correr ahora con eso del diálogo y el consenso cuando nunca lo tuvieron con la oposición durante 10 años, con la mayoría siempre impusieron“.
Los números que no cierran
Guillén aportó además un análisis más técnico sobre las falencias de la gestión oficialista, centrándose en un indicador clave: la cobrabilidad de tasas. “Los niveles de cobrabilidad de tasas a pesar de que la Secretaría de Hacienda es una mega estructura […] no ha mejorado en estos 10 años. No ha podido, no ha sabido, o no ha querido mejorar la cobrabilidad de las tasas municipales. Sigue estando en los promedios históricos la cobrabilidad de las tasas, entre 60 y 65 por ciento”.
Este dato es fundamental para entender las críticas a la gestión económica: “Si fuéramos eficientes y cobrásemos solo un 10 o un 15% más a los contribuyentes, todos pagaríamos un poco menos”, explicó Pérez, señalando una paradoja clave del sistema tributario municipal.
Guillén llevó el análisis aún más lejos, detectando duplicaciones y sobrecostos: “Tenemos Dirección de cementerio, con empleados, pero que a su vez insistentemente contrata la misma cooperativa, El Mirador” para tareas de mantenimiento. “Entonces pienso: o está de más la contratación de la cooperativa, o sobran los empleados, algo falla porque hay un doble gasto ahí”.
El tema sanitario: una deuda que se repite
Pilone aportó críticas específicas al área de salud, señalando una deuda histórica: “Debemos tener una planta de oxígeno para el hospital, hace tres años que lo venimos diciendo y no está presupuestado“. Su intervención conectó con una crítica más general hacia la gestión de recursos: “Se presupuesta demasiado y no se gasta como se debe”.
Guillén profundizó en los problemas del hospital municipal con datos concretos: “De un presupuesto enorme que tiene, el 77% se va en empleados. Del 100% del presupuesto del hospital, el hospital solo recauda el 15%”. Y estableció un paralelismo histórico que resultó embarazoso para el oficialismo: “Esto me retrotrae allá por el año 2014 cuando el hospital tenía el mismo problema, y donde el actual secretario de Hacienda (Francisco Ridao) que entonces era concejal de la oposición, tenía la solución siempre”.
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| Gonzalo Scioli (UCR), escuchando las críticas de la oposición. |
Transparencia y conflictos de interés
En otro momento álgido del debate, Guillén reveló que “tanto el intendente municipal Esteban Reino como el Secretario de Gobierno, Ricardo Stoppani, han tenido multas del Tribunal de Cuentas por la empresa Osebal, multas de 400.000 pesos“. Esta revelación llevó a cuestionar todo el sistema de control: “El directorio lo componen los mismos funcionarios del municipio y en esa empresa no hay nadie de la oposición que controle”.
La respuesta del oficialismo ante estos señalamientos fue el silencio, lo que la oposición interpretó como una confirmación tácita de las irregularidades señaladas.
Más continuidad que autocrítica
Al final de la extensa sesión, quedó claro que el presupuesto 2026 representa más la continuidad de un modelo de gestión que una reflexión genuina sobre las causas de la derrota electoral. Como señaló Pérez y con lo que los bloques opositores coincidieron, es esencialmente “un copia y pegue” de ejercicios anteriores, con actualizaciones numéricas pero sin cambios estructurales.
La oposición estuvo de acuerdo en sus criterios para rechazar las ordenanzas, no solo por desacuerdos políticos sino por objeciones concretas de gestión: falta de participación, ineficiencia recaudatoria, duplicación de gastos y ausencia de autocrítica tras una derrota electoral contundente.
El oficialismo, por su parte, cerró filas alrededor de un presupuesto que le permitirá al Ejecutivo contar con herramientas de gestión durante la mayor parte del próximo año, incluso cuando ya no tenga mayoría en el Concejo.
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| El debate por el Presupuesto, el más extenso de la sesión. |
Lo que queda por verse es si esta última demostración de fuerza legislativa representa el canto del cisne de un estilo de gestión verticalista, o si el oficialismo encontrará en la derrota el impulso para, genuinamente, “abrir un poco más las puertas”, como pidió Pérez en su intervención.
La sesión de este jueves por la noche no fue solo la penúltima del año; fue el fin de una era y el comienzo de un nuevo mapa político en Balcarce, donde la imposición por mayoría da paso a la necesidad del consenso.


