A 14 años de la muerte de Guido Falaschi: la cadena de irresponsabilidades que nunca se cortó

Por Sebastián Fiori
Ex integrante de la Asociación Autódromo Balcarce
Catorce años después de la muerte de Guido Falaschi, el automovilismo argentino sigue sostenido por el mismo sistema que permitió aquella tragedia: un modelo de descontrol, de autoexcepción y de impunidad técnica donde cada actor hace lo que quiere, mientras la seguridad queda librada a la suerte.
Un sistema donde nadie controla a nadie
El corazón del problema es simple: la ACTC no es la autoridad deportiva nacional, pero actúa como si lo fuera.
La COPAM, organismo público de la Provincia de Buenos Aires encargado de habilitar los autódromos, tampoco exige lo que corresponde. Habilita circuitos sin requerir las normas técnicas verdaderas, sin homologación nacional, sin verificaciones de fondo y sin controles independientes.
La normativa argentina establece que las provincias no pueden fijar reglas deportivas propias por encima de la autoridad nacional reconocida, ni habilitar instalaciones sin respetar los estándares nacionales e internacionales obligatorios. Cuando un organismo provincial habilita un circuito sin exigir esas condiciones, viola el orden jurídico deportivo y pone en riesgo vidas humanas.
Balcarce: la consecuencia anunciada
El accidente de Falaschi no fue una fatalidad. Fue una consecuencia directa de permitir que un circuito técnicamente deficiente recibiera autos a más de 260 km/h sin cumplir un solo estándar serio. Zonas de escape mal diseñadas, protecciones mal hechas, contenciones improvisadas, advertencias previas ignoradas.
La responsabilidad no es difusa: se corrió donde no se podía correr, como no se debía correr, y bajo un sistema que no debió haberlo permitido jamás.
La paradoja del Fangio
Lo más absurdo es que el mismo esquema que rechazó durante años ajustarse a las normas deportivas nacionales e internacionales es hoy el que pretende “dar cátedra” de seguridad. Hablan de mejoras mientras siguen fuera de los estándares mínimos. Hablan de evolución mientras no aceptan controles externos. Hablan de seguridad mientras siguen compitiendo bajo reglas propias. Es como si un sistema que se niega a rendir cuentas quisiera enseñar a otros cómo ser responsables.
Un modelo que no cambió
La herida de Balcarce no cambió nada. Hoy, en distintos autódromos del país, sigue repitiéndose el mismo libreto: obras parciales, habilitaciones políticas, controles formales, y un organizador que se fiscaliza a sí mismo. Nada nuevo. Nada corregido. Sólo la misma estructura que hace 14 años ya había demostrado ser mortal.
La responsabilidad política local
A esto se suma la complicidad pasiva de los gobiernos municipales, que aceptan autódromos inseguros, anuncian obras cosméticas con fondos provinciales y celebran habilitaciones que jamás alcanzarían los estándares nacionales o internacionales más básicos. En 2011 fue así. Hoy vuelve a ser igual. La lógica es la misma: mostrar el evento y ocultar el riesgo.
14 años después: la impunidad intacta
La muerte de Falaschi expuso un sistema fallado en cada nivel. Pero nadie desarmó ese sistema. Nadie obligó a ajustarse a las normas deportivas. Nadie exigió controles reales. Nadie asumió la responsabilidad que todavía hoy falta. 14 años después, seguimos dependiendo del azar, no de la seguridad. Seguimos corriendo bajo un modelo que prioriza intereses internos sobre vidas humanas. Y seguimos mirando hacia otro lado mientras se repite la misma matriz que llevó a aquella tragedia.
Hasta que el automovilismo argentino no se rija por las normas que corresponden, hasta que haya control independiente real y hasta que la seguridad deje de ser opcional, la historia seguirá amenazando con repetirse.
Señor Intendente de Balcarce, deje de hacerse el distraído. Haga las cosas como se deben, ajuste la seguridad a las normas que corresponden, respete la autoridad deportiva nacional y, sobre todo, rinda cuentas con lujo de detalle del dinero público ya derrochado en obras mal hechas, incompletas o directamente inútiles. La ciudadanía no necesita anuncios ni fotos: necesita responsabilidad.
Concejales de Balcarce: dejen de mirar para otro lado. Su función no es levantar la mano ni acompañar silencios. Su función es controlar, exigir, fiscalizar y poner límites cuando el Ejecutivo elige el camino más fácil en vez del camino correcto. Hacerse los distraídos también es una forma de ser responsables.
Sebastián Fiori
DNI 17132065
