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A tres semanas de la asunción de los nuevos concejales, arden las internas en todos los espacios

El radicalismo evalúa no respetar la tradición de entregar la presidencia del Deliberante al ganador. La decisión podría costarle caro de cara a 2027, mientras Ridao, Petruccelli y el peronismo empiezan a mover sus fichas.

El 10 de diciembre no es solo una fecha en el calendario político de Balcarce. Es el día en que asumirán los nueve concejales electos el 7 de septiembre pasado, renovando la mitad de las 18 bancas del Concejo Deliberante. Pero más allá del recambio natural de legisladores, lo que realmente tiene en vilo a la rosca política local es una pregunta que nadie termina de responder: ¿quién se quedará con la presidencia del cuerpo?

La incógnita no es menor. Desde el regreso de la democracia en 1983, Balcarce sostuvo un acuerdo tácito tan sólido como no escrito: el espacio que gana las elecciones, aunque no ocupe el Ejecutivo, propone quién presidirá el Concejo. Esa regla de convivencia política funcionó durante cuatro décadas sin mayores sobresaltos. Hasta ahora.

La nueva grieta

La Libertad Avanza se impuso en septiembre con un resultado que sacudió la estructura partidaria local. Y ahora reclama lo que considera su derecho: la presidencia que actualmente ocupa el radical Agustín Cassini. El argumento libertario es simple y contundente: ganamos, nos corresponde. La tradición lo avala.

Del otro lado, el radicalismo mira esa misma tradición con otros ojos. Después de 12 años de victorias ininterrumpidas y contundentes, la UCR sufrió en septiembre una derrota que duele: perdió más de 6 mil votos respecto a 2023. Un golpe que todavía resuena en los pasillos del Municipio. Y ceder la presidencia del Concejo ahora sería, para algunos dirigentes radicales -aunque no estén todos de acuerdo-, mostrar una debilidad inaceptable de cara a 2027, cuando se elegirá al sucesor de Esteban Reino.

La ironía no pasa desapercibida: en 2013, cuando el actual intendente estaba en la oposición, se convirtió en presidente del Concejo Deliberante. Entonces sí se respetó el acuerdo. ¿Por qué ahora sería diferente?

La mayoría que se va y el lobby

Los números son claros y explican parte de la tensión. A partir del 10 de diciembre, el oficialismo radical perderá la mayoría legislativa: tendrá 8 concejales frente a 10 de la oposición. Es un cambio de escenario que obliga a negociar, y las negociaciones nunca son sencillas, sobre todo para el radicalismo a quienes se les atribuye la soberbia de hacer valer su mayoría y poder electorales, actuando sin consensuar nada. Hasta ahora.

Por lo bajo, corren versiones de que Reino estaría haciendo lobby con concejales opositores, vaya uno a saber a cambio de qué, para no ceder la presidencia. Si eso ocurriera, sería un quiebre explícito de aquella tradición no escrita que todos parecían respetar. Y las consecuencias políticas podrían ser profundas.

Las opiniones dentro de todos los espacios, sin excepción, están divididas, y esas divisiones están generando rispideces que amenazan con convertirse en rupturas. Incluso La Libertad Avanza, que llegó con la fuerza del outsider, no está exenta de tensiones internas sobre cómo pararse en este tablero.

2027: la sombra que lo define todo

Nada de lo que ocurra en diciembre puede entenderse sin mirar hacia 2027. Reino culmina su tercer mandato consecutivo (2015-2027) y no podrá ser reelegido, al menos con la legislación actual. La sucesión está abierta y los candidatos empiezan a moverse.

Dentro del radicalismo, el más perfilado -o autoproclamado- es Francisco Ridao, actual secretario de Hacienda. Pero Ridao tiene un escollo: antes de las elecciones de septiembre había insinuado en más de una oportunidad que podría existir una alianza electoral con LLA. Esas declaraciones no cayeron bien en el Ejecutivo, aunque Reino terminó reivindicándolo de manera involuntaria la noche de la derrota, cuando admitió que no hubo alianza con La Libertad Avanza porque “no se habían dado instrucciones a nivel partidario”. Un blanqueo que abrió nuevas preguntas.

Y como si el tablero no fuera suficientemente complejo, el 10 de diciembre irrumpe nuevamente en el Concejo una figura tan controversial como impredecible: Gabriel Petruccelli. Enemigo natural del concejal libertario Ángel Enrique Guillén (ambos supieron militar en las filas del Frente Renovador de Sergio Massa, hasta la ruptura entre ambos), Petruccelli no se anduvo con vueltas y ha expresado su aspiración de ir por la intendencia en 2027. Su retorno abre un nuevo frente en una batalla que ya tenía demasiados flancos abiertos.

El peronismo, en las sombras

Para los pocos analistas serios que siguen la política local de cerca, el escenario es propicio para el peronismo. El desgaste del radicalismo es evidente, y una eventual mala gestión del presidente Javier Milei a nivel nacional podría hacer que la tierra local sea fértil para el espacio tradicionalmente nacional y popular. Pero hay un obstáculo: las fisuras internas del peronismo provocan una atomización constante que hace impredecible cualquier proyección electoral.

Mientras tanto, faltan tres semanas para que se produzca el recambio de concejales, pero la sensación es que estos veinte días definirán mucho más que quién ocupa una banca o quién preside el Concejo. Definirán si las viejas tradiciones políticas locales sobreviven o si, como tantas otras cosas en este país, se vuelven letra muerta cuando los intereses cambian.

Quizás lo que está en juego en Balcarce sea algo más profundo que conquistar un lugar político, simbólico y meramente institucional, o una candidatura anticipada. La política argentina viene mutando, y los pocos dirigentes locales que lo entienden parecen hacerlo a los golpes. Los votos no son de nadie: ni del radicalismo que los tuvo durante 12 años, ni de La Libertad Avanza que se viene encontrando con resultados sorpresivos desde 2023, ni del peronismo que sueña con recuperarlos en 2027. La sociedad solo los presta, y lo hace elección tras elección, sin compromisos eternos ni lealtades inquebrantables. En ese tablero volátil, aferrarse a una silla puede costar mucho más que perderla. La pregunta es si los protagonistas de esta disputa lo entienden antes de que sea demasiado tarde.

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