Cierra Mercería Marisol, 55 años de trabajo y amistad en Benito Juárez
En mayo de 1970, Mari Napolitano (87) y Gladys Marelli (85) crearon la Mercería Marisol. Juntas hicieron el primer moisés para cientos de bebés juarenses.

Cuando Mari Hebe Napolitano (87) y Gladys Ethel Marelli (85) pusieron en marcha ese sueño compartido al que bautizaron Mercería Marisol, en pleno centro de Benito Juárez –el lunes 25 de mayo de 1970-, el mundo era distinto, por cierto.
Esa ciudad tenía unos 11 mil habitantes -hoy roza los 16 mil-; hacía pocos meses que el hombre había pisado por primera vez la Luna; regían los pesos moneda nacional; y el actual presidente Javier Milei todavía no había nacido.
“Nos conocimos en Casa Sportman -cuenta hoy Mari al periódico local El Fénix-. Yo estaba en el escritorio y también atendía, y enseguida también ingresó Gladys como vendedora. Cuando uno de los socios se separó, nos invitó a poner una mercería. La abrimos, y al poco tiempo él se fue… y quedamos las dos. Así nació Marisol”.
La elección del nombre fue azarosa, simplemente los gustó Marisol. El primer local funcionó en Avenida Urquiza, donde años atrás se ubicaba el hospedaje de la familia Echeverría y donde actualmente está el Juzgado de Paz. “Habíamos hecho un altillo y trabajábamos ahí. Estuvimos unos cinco años, hasta que nos ofrecieron este local en el que estamos hoy, en la calle Zibecchi, en el centro de Benito Juárez”, cuenta Gladys.
El local era pequeño, pero lo ampliaron y renovaron: colocaron piso cerámico, bajaron el techo y lo adaptaron a las necesidades del emprendimiento. Pasaron 55 años y sigue casi igual.
El moisés de Mercería Marisol, donde durmieron varias generaciones
Más allá de los productos que se consiguen en las mercería de barrio y los trabajos de costura y bordado, el sello de Marisol era su moisés.
“Siempre fue nuestro fuerte -señala Gladys-. El primero fue para Amadeo Colantonio. Hicimos muchísimos. Con el tiempo fuimos descubriendo secretos que nos facilitaron la confección, pero ese primero… ¡nos dio un trabajo bárbaro!”, dice entre risas.
Claro que las chicas de Marisol no se limitaban a embellecer los sueños de los recién nacidos. También confeccionaban vestidos de novia, ropa para bebés, delantales, agarraderas. “Mari cosía y yo bordaba. Siempre fuimos un gran equipo”, agrega Gladys.
A sus 87 vitales años, Mari todavía utiliza su máquina de coser a pedal: “Probé la eléctrica, pero me es más fácil esta. Coso rápido y prolijo”.

Tiempos difíciles… y remendados
La crisis del 2001, cuando la situación económica se volvió complicada, reinventaron su oficio en la medida que los clientes tenían que prolongar la vida útil de sus ropas: soltar dobladillos, ajustar prendas, cambiar cierres y botones se volvió cosa de todos los días.
La pandemia también fue un momento complejo para ellas: “Estuve un mes encerrada. Me volví loca hasta que un día no aguanté más y fui a abrir el local. ¡Vendimos muchísimos barbijos! Y como no podían entrar, se hacía una cola terrible afuera”, recuerda Mari.
Más que socias, amigas de la vida
Con casi 60 años compartidos, Mari y Gladys exceden el rol de socias: son amigas, hermanas, familia.
Las dos se casaron el mismo año. Mari tuvo tres hijas mujeres; Gladys, dos hijos: un varón y una mujer. Las dos son madrinas del primer hijo de la otra. Y ambas, lamentablemente, también enviudaron con pocos meses de diferencia.
“Hacíamos los trajes de casamiento para amigos, clientes y nuestras familias, claro. ¡Y también la torta! En todo lo que fuera fiesta, ahí estaba yo”, confiesa Gladys a María Fiorentino, periodista de El Fénix.
Un cierre con gratitud
Con profundo sentimiento, agradecen a cada cliente y vecino, ellos que les están organizando una merecida despedida. Es que Mari y Gladys hicieron el primer moisés para cientos de juarenses.
Los comentarios en la nota de elfenixdigital.com reflejan ese amor hacia las abuelas de la Mercería Marisol:
* “Les compré toda la ropita de mi primer hijo” (Marita del Curto)
* “Nuestra hija María de los Ángeles estrenó en 1975 un moisés hecho por ustedes” (Mario Rosain)
* “Hermosas personas Mari y Gladys. Esa amistad de tantos años es un ejemplo a imitar” (Graciela Molina)
* “Hicieron el moisés para todos mis hijos” (Claudia Illia)
* “¡Qué lindos guardapolvos me hicieron! (Andrea Montenegro)
La lista podría seguir y seguir, porque en más de 55 años de la Mercería Marisol es imposible calcular a cuántos bebés, novias y estudiantes vistieron.
“Nos vamos felices y muy lúcidas. Le damos gracias a Dios porque podemos decidir con claridad este cierre -dicen a dúo Mari y Gladys-. Ahora tenemos todo en liquidación, una vez que se venda lo último cerraremos la puerta, ¡y a descansar!”.
Fuente: Diarios Bonaerenses
