A once días de la asunción de los nuevos concejales, la ruptura del bloque libertario y la disputa por la presidencia del HCD convierten lo que parecía una victoria electoral en un laberinto de incertidumbre política.

Faltan apenas once días para que asuman los nueve concejales electos en septiembre, pero en Balcarce el clima político ya está más tenso que las perdices al final de un cuento. Lo que debería ser un trámite protocolar se convirtió en un culebrón con traiciones, amenazas y versiones cruzadas que circulan por los pasillos del Concejo Deliberante, donde sonrisa de por medio muchos se saludan mientras se observan como si estuvieran jugando al truco.
Hace casi tres meses,
La Libertad Avanza logró algo impensado hasta para ellos mismos:
destronó al radicalismo de Balcarce después de más de una década de hegemonía. El espacio violeta ganó tres bancas, igual que la UCR, mientras que los sectores ligados al peronismo se quedaron con las tres restantes. En
teoría, la matemática era simple:
LLA pasaría de dos a cinco concejales, arrebatándole la mayoría al oficialismo radical. En teoría.
Porque la política argentina tiene esa costumbre de desafiar las leyes de la aritmética básica. Y Balcarce no es la excepción.
La primera grieta apareció con la concejala
Mara Laso Barreiro, quien decidió blanquear lo que en “la rosca” ya era un secreto a voces: la ruptura del bloque representativo de Javier Milei. Laso Barreiro aclaró que mantiene sus ideales políticos, sí, pero
ya no en compañía de Ángel Enrique Guillén, referente del espacio violeta y presidente del bloque. Como si eso fuera poco, la edil denunció públicamente haber recibido
amenazas que apuntaban directamente a Guillén. El ambiente, como cualquiera se imaginará, no saca a la luz precisamente el mejor humor de los protagonistas.
Mientras tanto,
la verdadera batalla se libra por algo que suena casi ridículo pero que se convirtió en pocos días en el
Santo Grial:
la presidencia del Concejo Deliberante. LLA reclama que le corresponde por tradición —una costumbre de 40 años que indica que quien gana las elecciones preside el HCD— y por haberse impuesto en las urnas. Del otro lado, el radicalismo no tiene la menor intención de “soltar la manija” del legislativo. Es lógico,
perdieron más de 6 mil votos en dos años, y no es momento de flaquear si se piensa en el 2027.
¿Por qué entonces tanto alboroto por una silla, que a simple vista representa un cargo institucional? Porque quien la ocupa tiene un
plus muy concreto: en caso de empate en las votaciones, desempata. Y ese voto puede ser la diferencia entre aprobar o frenar cualquier iniciativa. El intendente
Esteban Reino y su gestión radical lo saben bien: desde 2015 gobernaron con mayoría automática, sin necesidad de consensos, negociaciones ni dolores de cabeza. Un edén legislativo que hoy peligra.
Técnicamente, el radicalismo pierde la mayoría el 10 de diciembre cuando asuman los nuevos concejales. Pero la ruptura del bloque libertario les abre una ventana de oportunidad que están
aprovechando sin lugar a dudas, aunque nadie quiera hablar de ello. Con la banca de Laso Bareiro operando, al menos virtualmente,
más cerca del oficialismo que de sus ex compañeros violetas, el radicalismo podría llegar a nueve bancas. La mitad justa. El empate perfecto. Y con la presidencia en sus manos, el voto de desempate que perpetúe el
statu quo.
Los pasillos del Concejo están que arden. Todos fingen tranquilidad, pero todos especulan. ¿Cómo van a votar el 10 de diciembre? ¿Habrá sorpresas? ¿Alguien cambiará la postura en el último minuto?
Desde el entorno libertario trascendió que están “tranquilos”, asegurando que “
no está nada dicho” hasta el último momento. Desde el radicalismo, en cambio, insinúan sin decirlo pero con sonrisa de póker que
ya conquistaron la fuga del espacio violeta. Quién tiene la verdad es un misterio que solo se resolverá cuando los concejales levanten la mano en poco más de una semana.
Lo único seguro en este enredo es que, más allá de quién termine presidiendo el HCD, el nuevo Concejo Deliberante promete ser más diverso y menos dócil que el anterior. La oposición viene repitiendo como un mantra que durante años
el legislativo local funcionó casi como una escribanía del Ejecutivo, levantando la mano automáticamente a pedido del intendente Reino. Con la nueva composición de bancas, a primera vista más plural, esa época podría estar llegando a su fin.
Los próximos días serán clave. Y hasta quizás las dudas se extiendan hasta el mismísimo 10 de diciembre, cuando los nuevos concejales juren y la primera votación defina quién se sienta en esa silla hoy tan codiciada. Mientras tanto, lo que parecía una victoria electoral contundente se transformó en una ecuación política donde cada voto cuenta y ningún resultado puede darse por descontado.