“Volver al movimiento, es volver a Perón”

El Peronismo atraviesa una encrucijada histórica: o regresa a las verdades permanentes del Movimiento Peronista —el trabajo como ordenador social, las ramas como estructura viva y el pueblo como sujeto político— o continúa diluyéndose en una partidocracia vacía que usa la liturgia peronista pero reniega de su doctrina. Es hora de recuperar el peronismo que produce, organiza y trabaja.
En los últimos años se fue instalando, casi sin darnos cuenta, una confusión peligrosa: creer que el peronismo es apenas un partido político más, una estructura electoral que aparece cada dos o cuatro años para repartir cargos, internas y roscas. Una versión chiquita, domesticada, que se aleja del pensamiento de Perón y del ordenamiento que permitió construir la Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
La diferencia no es menor: es esencial.
Cuando el peronismo se mira a sí mismo como un partido, empieza a copiar los vicios de la política liberal: la competencia por espacios, los personalismos, la falta de doctrina y la improvisación permanente. Un partido vive de elecciones; un movimiento vive de objetivos históricos. Un partido administra; un movimiento transforma.
Las Ramas: la arquitectura que Perón dejó y que hoy no se usa
Perón no creó un partido para repartir candidaturas; creó ramas para organizar a la comunidad y darle un lugar a cada sector en la conducción del país:
- Rama Sindical: el trabajo como centralidad, el movimiento obrero organizado como columna vertebral.
- Rama Política: la expresión institucional y estratégica del proyecto nacional.
- Rama Femenina: la participación activa y protagónica de las compañeras, no como cuota, sino como sujeto político propio.
- Rama de la Juventud: la savia de renovación doctrinaria y militante.
Ese ordenamiento no era decorativo. Era la forma de garantizar que cada decisión surgiera de la armonía social y no de la rosca de coyuntura. Las ramas son el antídoto contra la partidocracia y contra los iluminados que creen que la conducción nace de la voluntad individual y no de la organización colectiva.
La partidocracia: la desorganización como método
La versión partidocrática del peronismo desarmó las ramas, las reemplazó por sellos, agrupaciones sueltas y liderazgos pasajeros. Así se llegó a donde estamos: un peronismo desordenado, sin ramas, sin doctrina y sin conducción. El resultado es evidente:
El sindicalismo separado de la estrategia nacional.
La política perdida en debates estériles. Las compañeras relegadas. Los jóvenes sin formación doctrinaria. Un movimiento desorganizado no conduce nada. Y sin conducción, la comunidad queda a merced del mercado o del poder extranjero.
Volver al movimiento es volver a Perón
Lo que corresponde ahora es reorganizar el Movimiento Peronista desde sus ramas. No para juntar sellos, sino para recomponer la comunidad organizada que Perón pensó como estructura de gobierno.
Conclusión: el desafío es político y moral
No hay futuro para un peronismo reducido a una cáscara electoral. El futuro está en volver a ser lo que somos: un movimiento nacional con conducción doctrinaria, con las ramas funcionando, con el trabajo como ordenador, con la comunidad organizada como horizonte y con la Felicidad Del pueblo y la grandeza de la Patria como causa.
Por miembros de la Unidad Básica “Héroes de Malvinas”.
Calles 29 y 14 | Balcarce
