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A 75 años de llamas que unen: la historia viva de los Bomberos Voluntarios de Balcarce

Un 6 de enero de 1951, un grupo de vecinos con vocación de servicio encendió la chispa de una institución que hoy, 75 años después, sigue siendo columna vertebral de la comunidad balcarceña. Repasamos su trayectoria, desde las primeras reuniones en casas de familia hasta el cuartel propio, hilvanando esfuerzos, donaciones y un espíritu solidario que perdura en cada emergencia.

Hace setenta y cinco años, en un enero caluroso de 1951, Balcarce comenzaba a escribir una de sus historias más entrañables. Fue el día 6 cuando Alfredo Capparelli y los hermanos Raúl y Cipriano Higuera convocaron a una reunión en la casa de la familia Rocco, con una idea clara y comunitaria: la localidad necesitaba un cuerpo de bomberos voluntarios. Esa primera chispa, encendida “con fines puramente filantrópicos”, según consta en el acta fundacional, prendió rápido en el corazón de un pueblo que ya conocía el modelo de esfuerzo solidario que brillaba en otros puntos del país, como La Boca o Lanús Oeste.

La respuesta no se hizo esperar. Con Pedro Sánchez como primer presidente, y con el apoyo inmediato de vecinos como Vicente y Simón de Llanes, quienes cedieron gratuitamente un galpón en la calle 12 entre 13 y 15, los bomberos balcarceños empezaron a organizarse. Pronto llegó la primera sirena, donada por Orlando Rocco y colocada en lo alto de la fábrica de Fideos Erbetta, lista para sonar ante cualquier emergencia. En esos primeros años, las herramientas eran manuales y el agua viajaba en baldes que los propios vecinos acercaban. La vocación suplía con creces la falta de recursos.

El crecimiento, aunque lento, fue constante. En febrero de 1952, la donación de aquella sirena se vio acompañada meses después por el reconocimiento oficial del jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires. Pero el verdadero salto llegó en 1957, con la adquisición de la primera unidad propia: una camioneta tanque Chevrolet modelo 1928, comprada en San Martín. Su bautismo de fuego ocurrió en enero de 1958, en la “curva de Sarapistón”, donde logró contener un incendio de siete mil litros de combustible. Ese mismo año, la institución obtuvo su personería jurídica, consolidando su perfil legal y administrativo.

Mientras tanto, el sueño de un cuartel propio seguía latente. Tras funcionar en espacios prestados, como el local de calles 8 y 13 cedido por Jorge Barrios, la gestión municipal encabezada por el intendente Juan Pastori y Rogelio Adobbati logró la donación de un terreno en calle 2 entre 15 y avenida Del Valle. Allí, con el impulso de vecinos como Juan Pallante y gracias a un torrente de donaciones, se levantó la nueva sede, inaugurada el 5 de junio de 1966 ante unas mil personas. El edificio, elogiado entonces y aún hoy funcional y adaptado, se convirtió en símbolo tangible de lo que una comunidad unida puede lograr.

Los pioneros, impulsores de la iniciativa.

Detrás de cada paso estuvieron nombres que hoy suenan a leyenda: Pedro Sánchez, Ángel Déramo, Ramón Llobet, Vicente Llanes, los hermanos Higuera y tantos otros que integraron aquellas primeras comisiones. Hombres llenos de entusiasmo y dedicación, cuyo ejemplo se replicó en cada nuevo voluntario. Como bien reflejó un periodista de la época, más allá de apagar incendios o rescatar accidentados, los bomberos lograron algo más puro y humano: unir a Balcarce, haciendo que todos sintieran que, al ayudarlos, se ayudaban a sí mismos.

Hoy, a 75 años de aquella primera reunión, el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Balcarce sigue en pie, no solo como estructura física, sino como un faro de servicio desinteresado. Su historia, escrita con voluntad, esfuerzo y trabajo comunitario, no se detiene en el tiempo. Cada llamado de emergencia, cada entrenamiento, cada gesto de solidaridad, es un nuevo capítulo que honra el espíritu de aquellos pioneros. Porque, como entonces, la máxima satisfacción sigue siendo la misma: ayudar al prójimo.

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