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Rosca semanal de pasillo
Del 21 al 27 de febrero

De la improvisación al llanto

El proceso “preparatorio” para las internas del Partido Justicialista dejó al desnudo algo que ya se venía intuyendo: la incapacidad organizativa de algunos sectores es tan profunda que los llevó directamente a quedar afuera de la contienda. No se trata de una maniobra oscura ni de una conspiración maquiavélica, sino simplemente de no haber cumplido con los requisitos básicos para participar. Errores tan elementales que resulta difícil creer que sean producto de la mala suerte y no de la desidia o la improvisación. Pero claro, reconocer un error tan infantil sería demasiado humillante, así que la estrategia elegida fue la clásica: ofenderse y buscar fantasmas. Ahora resulta que los dejaron afuera porque hubo trampa, porque alguien los boicoteó, porque la conducción partidaria les jugó en contra, porque existe una conspiración para impedir que participen. Cualquier excusa es válida con tal de no admitir lo obvio: que no supieron o no pudieron hacer los deberes básicos que cualquier agrupación política debería dominar. Es más fácil denunciar persecución que aceptar que te quedaste afuera por tu propia torpeza. Y así funciona siempre: cuando las cosas salen mal, nunca es culpa propia, siempre hay un enemigo externo, una mano negra, una operación en las sombras. El problema es que esta vez la excusa no cierra por ningún lado, porque los requisitos para participar estaban claros, los plazos eran conocidos por todos, y si alguien no los cumplió fue simplemente porque no se ocupó de cumplirlos. Pero bueno, es más digno jugar a la víctima que admitir la incompetencia.

Del radicalismo a lo violeta: un viaje sin escalas

Con las últimas declaraciones públicas de “Pancho” Ridao, solo le falta llevarle flores a Milhouse. El secretario de Hacienda ya juega abiertamente, al menos en lo dialéctico, con el espacio violeta. Sus palabras, sus formas, sus énfasis: todo apunta en esa dirección. Ya no se trata de guiños sutiles ni de mensajes cifrados, sino de un alineamiento discursivo cada vez más evidente que no pasa desapercibido para nadie. Mientras se inclina cada vez más hacia el discurso libertudo, Pancho genera rispideces con buena parte del radicalismo tradicional, y lo que está haciendo sin quererlo —o tal vez queriéndolo— es allanar el camino del “tapado”. Si sigue por este camino, no solo se aleja del núcleo duro del radicalismo sino que le está preparando la alfombra roja a quien podría terminar siendo su competidor interno.

Las líneas están tiradas, los trepadores hacen fila

Las líneas políticas del pastor devenido en artista ya están siendo tiradas con miras a la campaña del año que viene, y en Balcarce hay quienes se apuran a recogerlas con entusiasmo. Al menos un par de voluntarios locales estarían dispuestos a ponerse el traje evangélico-político con tal de llegar al poder. Es la lógica del oportunismo en su versión más transparente: identificar qué movimiento está creciendo, acomodarse a su discurso y a sus formas, y presentarse como los representantes de un fenómeno que indefectiblemente va a  trascender lo estrictamente partidario y se mete en lo religioso, lo moral y lo cultural. Si el movimiento crece y logra consolidar una base electoral sólida, pueden surfear la ola y llegar a cargos que de otra manera estarían fuera de su alcance. Lo que está claro es que en Balcarce ya hay quienes están haciendo los cálculos y midiendo si les conviene o no ponerse el traje del pastor. Las líneas están tiradas, y los voluntarios ya están haciendo fila.

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