Un filme recuerda al pueblo de Bolívar unido frente a las inundaciones de 1985
“Juan Carlos Bellomo, el nombre de una epopeya” es un documental que refleja la voladura de la Ruta 226 para evitar que el agua inundara la ciudad de Bolívar.

Este miércoles 26 de noviembre, en la Biblioteca Rivadavia de Bolívar se volverá a proyectar “Juan Carlos Bellomo, el nombre de una epopeya”, un filme que recuerda la voladura de la Ruta 226 durante las inundaciones de 1985 que afectaron a la provincia de Buenos Aires.
El documental realizado por Marcelo Pérez y Jorge Cabrerizo, de 66 minutos de duración, rinde homenaje a los bolivarenses y en especial a Bellomo, funcionario municipal que murió al caerse de una lancha. Se podrá ver en la sala María B. de Barnetche de la biblioteca, con entrada libre y gratuita, a partir de las 20.
Un héroe para Bolívar
Juan Carlos Bellomo era el Jefe de Compras de la municipalidad. Como funcionario y sobre todo como vecino, participó activamente en las tareas para prevenir que Bolívar fuera cubierta por las aguas, tal como había ocurrido diez antes con Epecuén, debido a las catastróficas inundaciones que padeció Buenos Aires en 1985.
Bellomo era uno de los hombres que supervisaba en una lancha los cortes efectuados por voladuras de la Ruta Nacional 226, a la altura del arroyo Vallimanca, con la intención de aumentar el paso del agua y salvar el casco urbano de Bolívar de la inundación.
El agua entraba con tanta fuerza que hizo zozobrar la embarcación y que todos sus ocupantes -incluidos el intendente de aquel momento, Alfredo Carretero, y el concejal Isidoro Laso- cayeran al agua. Bellomo fue el único que no pudo ser rescatado y su cuerpo fue encontrado tres días después.

Bolívar lo recuerda, entre otras formas, con una avenida que lleva su nombre, al igual que la Escuela Secundaria 6, un monolito en una avenida y una ordenanza municipal que establece que cada 19 de noviembre se recuerde a Bellomo.
Inundaciones, un drama del pasado que sigue presente
La decisión de volar la Ruta Nacional 226 para salvar a la ciudad de Bolívar generó un fuerte conflicto político al ser un acto de desobediencia civil y municipal contra las autoridades superiores. Lo llamativo es que tanto el Presidente de la Nación (Raúl Alfonsín), el gobernador bonaerense (Alejandro Armendáriz) y el intendente local (Alfredo Carretero) eran radicales.
En Bolívar querían hacer un paso en la Ruta 226 para que el agua circulara y no sepultara a la ciudad, como había ocurrido con Epecuén días atrás. Las autoridades provinciales y nacionales se oponían con el argumento de que la ruta era una vía nacional, y dañarla constituía un delito federal. Además, agregaban que de volar la ruta, el agua afectaría a otros distritos.
Pese a la prohibición, Carretero y todo el Concejo Deliberante siguieron adelante con la voladura. Cabe destacar que contaban con gran apoyo popular.
Después de la voladura
Al dinamitar varios tramos de asfalto se permitió que una gigantesca masa de agua que estaba frenada fluyera hacia las cuencas inferiores. Y Bolívar se salvó.
Sin embargo, de inmediato otros distritos “recibieron” el agua, como 25 de Mayo, al punto que el intendente de esa ciudad calificó a la actitud de Bolívar como una “total falta de solidaridad”.
De todos modos, el mayor legado de la voladura es aceptar la imperiosa necesidad de obras hídricas que mejoren la capacidad de desagüe para evitar catástrofes. Desde entonces se hicieron muchas pero son muchas más las que faltan, tal como reclaman las autoridades municipales y provinciales. El panorama actual del territorio bonaerense así lo demuestra.
Fuente: Diarios Bonaerenses
