A tres semanas de la asunción de los nuevos concejales, arden las internas en todos los espacios

El radicalismo evalúa no respetar la tradición de entregar la presidencia del Deliberante al ganador. La decisión podría costarle caro de cara a 2027, mientras Ridao, Petruccelli y el peronismo empiezan a mover sus fichas.
El 10 de diciembre no es solo una fecha en el calendario político de Balcarce. Es el día en que asumirán los nueve concejales electos el 7 de septiembre pasado, renovando la mitad de las 18 bancas del Concejo Deliberante. Pero más allá del recambio natural de legisladores, lo que realmente tiene en vilo a la rosca política local es una pregunta que nadie termina de responder: ¿quién se quedará con la presidencia del cuerpo?
La nueva grieta
La Libertad Avanza se impuso en septiembre con un resultado que sacudió la estructura partidaria local. Y ahora reclama lo que considera su derecho: la presidencia que actualmente ocupa el radical Agustín Cassini. El argumento libertario es simple y contundente: ganamos, nos corresponde. La tradición lo avala.
La mayoría que se va y el lobby
Los números son claros y explican parte de la tensión. A partir del 10 de diciembre, el oficialismo radical perderá la mayoría legislativa: tendrá 8 concejales frente a 10 de la oposición. Es un cambio de escenario que obliga a negociar, y las negociaciones nunca son sencillas, sobre todo para el radicalismo a quienes se les atribuye la soberbia de hacer valer su mayoría y poder electorales, actuando sin consensuar nada. Hasta ahora.
2027: la sombra que lo define todo
Nada de lo que ocurra en diciembre puede entenderse sin mirar hacia 2027. Reino culmina su tercer mandato consecutivo (2015-2027) y no podrá ser reelegido, al menos con la legislación actual. La sucesión está abierta y los candidatos empiezan a moverse.
El peronismo, en las sombras
Para los pocos analistas serios que siguen la política local de cerca, el escenario es propicio para el peronismo. El desgaste del radicalismo es evidente, y una eventual mala gestión del presidente Javier Milei a nivel nacional podría hacer que la tierra local sea fértil para el espacio tradicionalmente nacional y popular. Pero hay un obstáculo: las fisuras internas del peronismo provocan una atomización constante que hace impredecible cualquier proyección electoral.
Quizás lo que está en juego en Balcarce sea algo más profundo que conquistar un lugar político, simbólico y meramente institucional, o una candidatura anticipada. La política argentina viene mutando, y los pocos dirigentes locales que lo entienden parecen hacerlo a los golpes. Los votos no son de nadie: ni del radicalismo que los tuvo durante 12 años, ni de La Libertad Avanza que se viene encontrando con resultados sorpresivos desde 2023, ni del peronismo que sueña con recuperarlos en 2027. La sociedad solo los presta, y lo hace elección tras elección, sin compromisos eternos ni lealtades inquebrantables. En ese tablero volátil, aferrarse a una silla puede costar mucho más que perderla. La pregunta es si los protagonistas de esta disputa lo entienden antes de que sea demasiado tarde.
