(No Title)
De la improvisación al llanto

Del radicalismo a lo violeta: un viaje sin escalas
Con las últimas declaraciones públicas de “Pancho” Ridao, solo le falta llevarle flores a Milhouse. El secretario de Hacienda ya juega abiertamente, al menos en lo dialéctico, con el espacio violeta. Sus palabras, sus formas, sus énfasis: todo apunta en esa dirección. Ya no se trata de guiños sutiles ni de mensajes cifrados, sino de un alineamiento discursivo cada vez más evidente que no pasa desapercibido para nadie. Mientras se inclina cada vez más hacia el discurso libertudo, Pancho genera rispideces con buena parte del radicalismo tradicional, y lo que está haciendo sin quererlo —o tal vez queriéndolo— es allanar el camino del “tapado”. Si sigue por este camino, no solo se aleja del núcleo duro del radicalismo sino que le está preparando la alfombra roja a quien podría terminar siendo su competidor interno.

Las líneas están tiradas, los trepadores hacen fila
Las líneas políticas del pastor devenido en artista ya están siendo tiradas con miras a la campaña del año que viene, y en Balcarce hay quienes se apuran a recogerlas con entusiasmo. Al menos un par de voluntarios locales estarían dispuestos a ponerse el traje evangélico-político con tal de llegar al poder. Es la lógica del oportunismo en su versión más transparente: identificar qué movimiento está creciendo, acomodarse a su discurso y a sus formas, y presentarse como los representantes de un fenómeno que indefectiblemente va a trascender lo estrictamente partidario y se mete en lo religioso, lo moral y lo cultural. Si el movimiento crece y logra consolidar una base electoral sólida, pueden surfear la ola y llegar a cargos que de otra manera estarían fuera de su alcance. Lo que está claro es que en Balcarce ya hay quienes están haciendo los cálculos y midiendo si les conviene o no ponerse el traje del pastor. Las líneas están tiradas, y los voluntarios ya están haciendo fila.
